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Los censores no han desaparecido. No y pudimos comprobarlo hace apenas unos días. Esta misma semana, la revista Interviú lanzaba a la calle su último número. Un momento tan triste como histórico en el que la revista quiso rememorar una de sus portadas más populares, la de Marisol, la actriz Pepa Flores, publicada en 1976 y en la que, válgame Dios, se le ven los pechos desnudos.

Muchos fueron (fuimos, mejor) los que nos hicimos eco del último número de la revista y quisimos compartirlo en redes sociales.

Craso error. En minutos, asistimos perplejos a cómo nuestras tan históricas, nostálgicas y sentidas publicaciones desaparecían de Facebook e Instagram. La Inquisición de la era digital había hecho su trabajo.

“Al parecer, publicaste contenido que infringe nuestras normas comunitarias. Restringimos la exhibición de desnudos y actividad sexual en Facebook”. Este escueto mensaje daba paso a la eliminación de miles de publicaciones tanto en Facebook como en Instagram.

Algunos de los afectados veían incluso como el ejercicio censor iba aún más allá y, además de ver eliminadas sus publicaciones, veía como Facebook le había cerrado temporalmente su perfil. Este fue el caso del periodista, profesor y popular tuitero Juan Pablo Bellido que, en única cuenta social moral por lo visto, Twitter, denunciaba cómo su indecente hábito de, cada noche, compartir las principales portadas nacionales e internacionales de los medios de comunicación, le había llevado a quedarse 24 horas sin perfil en Facebook.

Bellido

Y todo por rememorar (y compartir) una de las imágenes icónicas del destape y la transición española.

Lo que no hizo la justicia española lo hacía ahora una red social.

Censores reiterados

Cierto es que la portada de Interviú no ha sido el primer caso de “contenidos censurados” por Facebook e Instagram.

Recordemos que, incluso, una imagen de la estatua de “La Sirenita”, personaje de los cuentos infantiles de Christian Andersen, sufrió la censura y por tanto eliminación de Facebook ya que violaba las reglas del uso de fotografías que contienen desnudos.

También es cierto que aceptar tener un perfil y participar del mundo social media implica aceptar las normas por las que se rigen, en este caso, redes como Facebook e Instragram.

En sus condiciones de uso, ambas plataformas advierten que “no puedes publicar fotos u otro tipo de contenido que muestre imágenes violentas, de desnudos íntegros o parciales, discriminatorias, ilegales, transgresoras, de mal gusto, pornográficas o con contenido sexual”.

Pero ¿implica esto que, bajo esas premisas, toda aquella imagen que muestre un simple y natural pezón es pornografía? ¿No es esto, en muchos casos, como el de la portada de Interviú, una limitación y anulación de derechos fundamentales como la libertad de expresión, de creación artística o del derecho a la información?

El debate está servido.

 

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