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Justo mañana cumpliremos 1.000 horas de cuarentena. Mil horas en las que hemos visto la vida desde nuestra ventana a la que seguimos asomándonos a aplaudir, fielmente, todos los días a las 20 de la tarde.

60.000 minutos en los que son muchos los que, además de seguir adelante, esforzándose diariamente por mantener su negocio en pie, nos ayudan a que nuestro confinamiento sea más llevadero.

Es el caso de los mercados municipales de prácticamente toda España, esencia de nuestras ciudades, recuerdo de nuestro ayer, perdidos entre sus pasillos, puestos y benditos manjares.

Mercados que se han reinventado y que continúan abiertos y repartiendo a domicilio para nosotros podamos quedarnos en casa.

Prácticamente en cualquiera de nuestros pueblos y ciudades siguen al pie del cañón, como el Mercado de Chamberí, el de La Cebada, que sirven sus productos a domicilio con tan solo una llamada de teléfono.

Plataformas como @Mercado47 que nos permiten hacer la compra online en nuestro “tendero” de siempre o pequeñas tiendas de barrio como Productos Frescos Yepes, en Valencia, o Carnicerías Vicente, en Madrid, que traen hasta nuestra puerta lo mejor de la tierra.

Frutas, verduras, carne, pescado… o, por qué no, el brick de leche que nos falta, el pan que no podemos salir a comprar algunos.

Y si echas de menos a tus restaurantes favoritos… Aquí están también al pie del cañón Picon para seguir disfrutando lo mejor de la cocina canaria o Kitchen154.  y su increíble curry.

Autónomos que no saben qué sucederá mañana pero que no pueden (ni quieren) quedarse parados, esperando a descubrirlo.

Profesionales que también son esenciales y que han hecho de su zozobra su fuerza para ayudarnos en esta difícil gesta del #yomequedoencasa.

Así que… ¿por qué no les echamos una mano a ellos?

 

 

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